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En el Silencio del Amor –   ¡Ya voy Jóse, ya voy! Estoy atrasada, lo se, pero espérame otro momento. La anciana hace esfuerzos visibles por articular palabras. La muerte se acerca a pasos lentos, desesperantes, pero inexorables. Ella lo sabe. Y mientras dirige la mirada hacia un lado del estrecho cuarto, no se sabe si adrede o porque en verdad la agonía se lo impide, evita ver a sus hijas, que la observan y al mismo tiempo vuelven sus rostros hacia el lugar en donde ella, conforme a sus palabras, se dirige a un ser que parece estar animándola a que cese la resistencia al trance final. –   Eira, ¿dónde estás hija mía? –     Aquí mamá, a tu lado ¿No me sientes? –   Sí, si te siento. Perdona, pero esto me vuelve loca. ¿Ya llegó el año nuevo, cierto? –     No mamá. Tu sabes que la gente comienza a celebrar desde por la tarde, pero todavía no es año nuevo. –  No trates de engañarme, hija mía. Los disparos, el sonido de los volado...